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miércoles, 7 de marzo de 2012

Nuestro "amigo" especial

Marzo 2012

Mientras caminábamos sin rumbo alguno, zigzagueando por las calles, X y yo nos encontramos a un perro abandonado, sin saber dónde ir. Se le notaba perdido, confuso, mientras comprobaba el gusto de una libertad exagerada. Sin más dilación, X lo cogió en brazos y pusimos dirección al centro de animales más cercano. Después de 20 minutos sin saber exactamente dónde se situaba, pudimos al fin encontrarlo.

La espera se hacía eterna, sentados en una silla para ver si, gracias al chip identificador, encontrar al dueño de el pobre perro. Tanto fue así, que decidimos ponerle nombre, una mezcla de los nuestros. Desgraciadamente, no había respuesta en la llamada, así que sólo nos quedaba ir a la Policía Municipal.

Gracias a una correa, lo pudimos pasear bajo la noche mientras pasábamos de largo por un parque solitario. Pese a que no nos gustaba mucho la raza, le acabamos por coger cariño los dos. Una vez en el edificio de Policía, tuvimos que esperar más de media hora a ver si podían contactar con alguien y que se librara de ir a la perrera. Pasaron los minutos, hasta que decidieron dejarlo en el patio atado a un poste, ya que no podíamos hacernos más cargo del pobre animal.

Sollozos de "nuestro" perrito, que nos alegró la tarde, e intentamos salvarlo para que tuviese una mejor vida, pero no fue posible. Su próximo destino fue la perrera.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Vidas paralelas que se cruzan

Hablando con una amiga que hace relativamente poco que la conozco, me he dado cuenta que existen muchas vidas paralelas a la tuya y que en cierto momento se cruzan. Suena un tanto ambiguo, pero subjetivamente tiene sentido.

Ella y yo nos conocimos a raíz de nuestros primos segundos indirectamente. Yo la agregué por Facebook, sabiendo que era prima de X. Empezamos a hablar y me contó que era muy amiga de mi primo. En ese momento, sentí que la vida a veces es muy caprichosa y puede darse coincidencias de lo más curiosas. A partir de ese momento, iniciamos una buena amistad. Yo le contaba todo, al igual que ella a mi, y nos demostramos que podíamos confiar el uno al otro. Todo esto sucedió no hace más de un mes.

Un cierto día, ella me saludó y, de repente, con un tono de curiosidad, me preguntó si por casualidad X y yo teníamos algo más que una amistad. Como no, le conté toda la historia desde un inicio. Se quedó perpleja pero asombrada de lo valiente que fui y esperanzadora porque todo me fuera bien con X. Seguidamente yo le pregunté también lo mismo, pero este caso, con mi primo, ya que vi comentarios entre ellos muy afectivos y cariñosos. Efectivamente, tenía razón yo también. Vivíamos exactamente la misma situación, incluso desgraciadamente tuvo la misma mala suerte que yo, ya que sabía que mi primo sólo quería amistad con ella.

Actualmente, estas dos vidas que llevamos paralelas siguen cruzadas entre nosotros por lazos genealógicos. A la espera de resultados, nos apoyamos e intentamos ayudarnos mutuamente para conseguir que "ciertas personas" abran los ojos y lleguen a ver lo que realmente tienen a su lado.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Viaje en tren... y bicicletas

Eran mediados de Julio y estaba disfrutando las vacaciones al máximo. Pero, hasta ese momento, no había hecho nada fuera de lo normal. A falta de pocos días para el inicio de las fiestas de mi pueblo, propuse a mis mejores amigos que se vinieran conmigo. El problema era cómo llegar allí y cómo desplazarnos sin coche propio (está situado a más de 150 km). Mis padres ese verano no estaban con muchos ánimos para ir y, por consiguiente, tuvimos que buscar la manera de llegar a nuestro destino. Ese no era el único obstáculo que nos podía impedir viajar hacia allá, sino además, ya que en mi pueblo no hay transporte público y para llegar a la zona costera (apenas a 8 km de allí) necesitábamos algo para movernos rápidamente. 

Al final, sin saber a ciencia cierta cómo íbamos a llegar, nos preparamos el equipaje en una mochila más bien grande, nos subimos a nuestras bicicletas y nos dirigimos a la estación del tren. Después de unas grandes dificultades para subir nuestros artilugios en él, estuvimos separados en dos vagones diferentes los cuatro amigos que éramos. Más tarde, tuvimos que pararnos en el último destino de esa línea. La "pesadilla" acababa de comenzar.

Nos informamos de cuál era el tren que definitivamente nos dejaría justo en mi pueblo. Únicamente pasaban dos cada día que tuvieran parada donde nosotros queríamos y, por suerte aún quedaba uno por llegar. Consumimos las horas que estuvimos esperando con un juego de naipes en mitad del andén. Al llegar la hora, por el horizonte divisamos un tren más bien antiguo y con poca capacidad para transportar personas. Cuando paró en frente de nuestras narices, una marea de gente estaba contenida entre las 2 paredes del tren. Para más aliciente, nosotros, con nuestras 4 bicis, debíamos de ser rápidos antes de que cerraran las puertas de los vagones. 

Sin pensar en la integridad física de los ocupantes, prácticamente salté del andén con mi bicicleta, la cual se sumergió entre los cuerpos de las personas. No estaba dispuesto a quedarme fuera en el andén. Por suerte, encajamos todos dentro como un "Tetris" perfecto.

A medida que avanzábamos paradas, la afluencia de personas disminuía exponencialmente, más aún cuando se detuvo en la parada de "Port Aventura". Después de casi 2 horas, llegamos sanos y salvos a nuestro destino.

CONTINUARÁ...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un rincón especial

Hoy lunes no puedo aguantarme la alegría que llevo encima. Resultaré monótono, lo sé, pero necesito expresar cómo me siento hoy. Finalmente, después de semanas intentando concretar fecha, X me preguntó si me venía bien quedar hoy. Como es lógico, sin pensármelo un segundo, le dije que sí.

Realmente me siento muy feliz de poder volverla a ver. Pese a todo, debo decir que yo la quiero mucho como persona y me encanta escucharla de nuevo después de tantas semanas, aunque estemos como buenos amigos. 

La tarde, pese a la incertidumbre del tiempo de si llovería o no, quedamos sobre las 17.00. En ese momento no caía ni una sola gota, pero se preveía que poco iba a durar el suelo seco. Los dos salimos sin paraguas, y afortunadamente creo que fue un detalle que hizo mejorar la tarde aún más. Después de haber comprado unas "piruletas" de fresa con forma de corazón para cada uno, nos refugiamos de la lluvia en un rinconcito acogedor sentados el uno frente al otro de piernas cruzadas. Prácticamente un par de horas de risas, historias y charlas con ella (ah, y fotos!). 

La lluvia dio una tregua de 10 minutos, los cuales aprovechamos para comprar algo que llevarnos al estómago ya que a ella le apetecía algo de chocolate bien calentito. Una vez acabamos la merienda, nos trasladamos a otro refugio más calentito como era un pabellón deportivo. Así hasta las 21.00 que, como buen chico, la acompañé hasta su portal. Después de una corta charla, nos despedimos con dos besos. Antes de perderla de vista, dije: "Espero verte pronto!" A lo que ella respondió: "Claro que sí!". 

Feliz y contento por este día y pasar con una persona muy especial como es ella esta tarde-noche. Espero poder no escribir ninguna más así, con lo que significaría que no sería nada excepcional el quedar con X. Por lo demás, mi vida sigue igual.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El paso de los días de ese verano

(Entrada anterior que va relacionada)

Después de aquel momento tan especial a su lado, ya sólo me quedaba disfrutar de una felicidad que hace mucho tiempo que no conseguía tener. Recuerdo que, a partir de ese día, empecé a sentir un cúmulo de emociones positivas cada vez que la veía. Ya nada iba a cambiar la dinámica de nuestra gran relación (de amistad) hasta prácticamente la conclusión de las vacaciones. 

Momentos como el ir mi grupo de amigos, yo, X y su mejor amiga a Port Aventura para pasar un día mágico. Sentir su aliento tan cerca, aunque resistiéndome a hacer lo prohibido, aguantándome las ganas de decirle todo lo que tenía en mi interior y que a gritos me pedía que lo soltase, por miedo al rechazo, a causa del poco tiempo que llevábamos conociéndonos.

También increíbles momentos durante la noche cuando decidimos tomar un baño después de cenar en la piscina de un amigo. Luego recordábamos la sensación de frío en plenos verano caluroso, y nos refugiábamos como podíamos en un parque cerca de casa de X con las toallas medio-mojadas. Parecía como si el viento pretendiese algo: cuando yo tranquilamente me estiraba en la parte más baja de un tobogán, y X estaba sentada en el suelo (como su mejor amiga y mis dos amigos), incómoda por esa sensación de frío, agarró una toalla y se colocó casi sentada mis piernas, echando la cabeza hacia atrás y apoyando su cuerpo sobre el mío. Los dos tapados con la toalla, me sentí muy a gusto. Intenté abrigarla lo mejor posible y así estuvimos hasta las 5 de la mañana, hora en la que todos nos fuimos a nuestras respectivas casas.

Así hasta un sinfín de días que pasé a su lado, hasta bien acabado Agosto. Si tuviese que describir todos y cada uno de los días, se me acabarían los adjetivos para plasmar lo que sentí.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

El inicio en una despedida

(Entrada anterior que va relacionada)

No sólo hablamos en persona, sino que, al despedirnos, no perdimos en ningún momento el contacto. Facebook era nuestra vía de comunicación. Cada día que hablaba con ella, me sacaba una sonrisa de oreja a oreja, de aquellas que únicamente aparecen frente a esa persona que hacía latir tu corazón más rápido.

En esos momentos, yo ya acababa el instituto y me disponía a hacer la Selectividad. Posiblemente en esa situación en la que sólo pensaba en X no era la más idónea para adentrarte en unas pruebas para la universidad realmente importantes. Una vez llegaron esos días, ella me daba ánimos y me deseaba suerte para el examen. Aquellas noches las pasaba hablando con ella, en vez de estudiar para los exámenes que tenía el día siguiente. Inconsciente de mí, me la jugaba, pero finalmente no tuvo repercusión alguna en mis notas finales. Después de eso, mi vida estudiantil acabó en ese mismo instante (hasta el inicio de la Universidad el 26 de Septiembre). Sólo me centraba en X, era lo único que me importaba, mas ella no había acabado aún las clases. 

Casualmente, fui invitado por la querida amiga de mi amigo (a la que le debo todo por darme la oportunidad de conocer a X) a la fiesta de despedida que tenían en su instituto de 4º ESO. Por supuesto, ese día X también iba a estar en esa fecha marcada. 

Al llegar el día, bien vestido, cual invitado a una cena de Hollywood, me dirigí con mi mejor amigo cerca de la playa del pueblo de al lado bien entrada la noche. Ahí se daban cita muchísimas personas que no conocía procedentes de los cursos de sus institutos, pero mis ojos únicamente buscaban a una persona. Cuando cruzamos miradas, ella me llamó con un simple gesto de mano y yo, obediente, me acerqué a hablar con ella.

Estuvimos hablando como si nos conociéramos de toda la vida, y empezó a presentarme a compañeros suyos. Bien es cierto que ciertas bebidas que tomé previamente me hicieron "soltarme" y perder la poca vergüenza que conservaba en mi persona. 

Terminamos la fiesta de despedida perfectamente bien y con la sensación de que no iba a ser la última vez que la vería en persona, sino todo lo contrario.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Una amistad de "Champions"

Cuando me levanté aquel día 28 de mayo de 2011... Ya ha llovido desde entonces, pero estos casi 5 meses, no han podido enturbiar ese recuerdo, ese día en el que cambió todo en mi interior. 

Todo sucedía con normalidad, absolutamente todo. Tenía planeado quedar con mis amigos y amigas para ver un gran partido. Nada más y nada menos que la final de la "Champions League". En mi pueblo instalaron una pantalla gigante en una de sus parques con motivo de ver en directo grandes acontecimientos televisivos, como fue la final del Mundial. Por este motivo, decidimos verlo allí.

El ambiente que se respiraba era apasionante. Todo el mundo volcado con el fútbol y con el Barcelona (yo incluido). Una vez iniciado el partido, la tensión y los nervios afloraban entre la multitud. La euforia con el primer gol hizo temblar todo el parque, y el griterío se intensificaba al son de los cánticos. En esta situación llegó el descanso en Wembley, al igual que llegó la hora de despedirme de mi vida pasada, llena de malos momentos y sufrimientos continuos, para dar paso a un tren que se acercaba sigilosamente a la luz de la luna. Ese tren tenía un nombre: X. 

Ya caída la noche en mi pueblo, la mejor amiga de un amigo mío pronunció mi nombre con una sonrisilla en la boca, y me acerqué para ver qué quería. Su pregunta, señalando con el dedo, fue: qué te parece la chica rubia de allí? Mi respuesta fue rápida: No está mal, me parece muy guapa. En ese instante realmente no la vi del todo bien. Quizás fuera a causa del nerviosismo interno por la simple razón por la cual estaba yo ese momento en ese mismo parque.

Al final del partido, le pregunté cuál era el nombre de la chica. Una vez dicho esto, me dispuse a hablarle a esa chica rubia tan guapa. Tan solo necesité un saludo suyo para darme cuenta que mi vida cambiaría con ella. A partir de ahí, empezamos la conversación... 


viernes, 14 de octubre de 2011

Conservando nuestro propio orgullo...

Lo cierto es que nunca había sido tan orgulloso como en ese tiempo. ¿Por qué razón dejaría de hablarme? Pensé que caería en la tentación, como ya hice en otras ocasiones, y que el "lado bueno" de mi alma me insistiría hasta dejarme llevar por su inocencia. Pero no fue así. Un motivo ajeno a mi no puede obligarme a dirigirle la palabra. Por eso esperé, hasta que un comentario suyo apareció en mi lista de "Mensajes no leídos". Ese partido lo gané yo, curiosamente, sin entrar en el terreno de juego.

Este es un ejemplo claro de evitar ser menospreciado en la vida, sea la persona que fuere. Y este caso sirve para todas las personas, y me gustaría que sirviese de guía para las personas más cercanas a mi (no por ello deben vivir cerca).

Recordad no perder inútilmente el orgullo, que nadie os lo arrebate. Cuando te arrebatan el orgullo, pierdes hasta tu sombra, convirtiéndote en un ser inútil. 

"Sólo sé que aquí están todos locos menos yo"

jueves, 13 de octubre de 2011

Como el primer día...

Así es como me siento yo estos últimos días. Esa sensación, ese cosquilleo cuando hablas con esa persona de nuevo después de esos cuatro intensos meses, en los que ha ocurrido de todo.

Durante este tiempo he sentido prácticamente todo lo que una persona puede sentir hacia otra: simpatía, alegría, afecto, cariño y amor, y a la vez que decepción, frustración y tristeza. También he de decir que he aprendido mucho en este periodo y me he encontrado con mi verdadero "yo", superando mis miedos y demás barreras psicológicas que me impedían decir un simple "te quiero" o declararme.

Pero eso pasó a segundo plano cuando, aunque no hayas sido correspondido y sigas como siempre, de un día para otro pases del cielo al infierno. Y para mí, ese infierno era perder el contacto con esa persona. Ese miedo constante a no poder estar a su lado, llegó. Y todo esto se alargó hasta casi cuatro semanas.

Aunque nuestra relación llegó a ser más que una simple amistad, no pude llegar a tenerla como pareja, y a pesar de todo, mis recuerdos veían luz cada día, y por consiguiente, extrañaba aún más todos aquellos bonitos momentos vividos con ella. Pensé que, de los dos, era el único que llegaba a sentir tristeza por ello, pero me equivocaba.

Tuvo que pasar un hecho este sábado pasado (no especialmente bueno, sino todo lo contrario) para que tomáramos contacto de nuevo preguntándole sobre su estado de salud. Ahí nos dimos cuenta lo mucho que nos necesitábamos el uno al otro. 

Doy gracias a aquellos pequeños detalles que han hecho posible reescribir mi guión para volver a estar con una de las personas más importantes de mi vida actualmente. Lo que desconozco es... ¿Qué hubiera pasado si no hubiera ocurrido nada este sábado?