Yo no soy perfecto. Nadie es perfecto. Bueno, quizás alguien se lo crea, o esté cerca de serlo, pero ese término lo dejo colgando entre pinzas. Yo soy de los que piensa que, tal y como somos, debemos afrontar el día a día sin ningún remordimiento. ¿Tenemos envidia de los demás? Sí, y yo tampoco lo niego, pero lo que a lo que me opongo rotundamente es al hecho de que muchas personas no buscan en lo que son mejores a los demás.
La envidia, como ya he dicho anteriormente, la tenemos prácticamente todo el mundo. Si alguien no la tuviera, significaría que él puede vivir por si sólo sin depender de los demás en nada, como si estuviera en su propio mundo.
Cuando se puede alcanzar el significado de perfección (no en todo su ámbito) es entre una pareja. Dos personas imperfectas pueden acabar siendo una pareja completa, donde entre ellas se ayudan en su rutina, se apoyan y hacen que los defectos o carencias salgan a la superficie sin ningún tipo de vergüenza, obviándolas. Las personas, por mucho lo que aparente el físico, la esencia de ellas mismas se encuentran en el interior.